martes, 13 de marzo de 2012

Sin ti también estoy bien....

                                                                                      

Nadie puede dar lo que no tiene...
Sólo cuando estás bien contigo mismo, puedes estar bien con los demás.
Sólo cuando manejas tu soledad, puedes manejar una relación.

Necesitas valorarte para valorar, quererte para querer, respetarte para respetar y aceptarte para aceptar, ya que nadie puede dar lo que no tiene dentro de sí.

Ninguna relación te dará la paz, que tu mismo no hayas creado en tu interior.
Ninguna relación te brindará la felicidad, que tú mismo no construyas.

Sólo podrás ser feliz con otra persona cuando seas consciente que eres feliz incluso cuando no está a tu lado.

Sólo podrás amar siendo independiente, hasta el punto de no tener que manipular ni manejar a los que dices querer.

Dos personas que se unen por el deseo de hacerse feliz la una a la otra, fracasarán con el tiempo…

Dos personas que se unen con el fin de compartir su felicidad propia, lograrán una felicidad duradera, y sin ser su fin, harán feliz a la otra.

Para amar necesitas una humilde autosuficiencia, necesitas autoestima y la práctica de una libertad responsable.

 Pretender que otra persona nos haga felices y llene todas nuestras expectativas es una fantasía narcisista que sólo trae frustraciones.

Por eso, ámate mucho, madura, y el día que puedas decirle al otro: “Sin tí también estoy bien”… ese día estarás más preparado para vivir en pareja.

Desconozco su Autor.  

Limpieza Interior....



Estaba necesitando hacer una limpieza en mí: tirar algunos pensamientos indeseados, lavar algunos tesoros que estaban medios oxidados.

Entonces saqué del fondo de las gavetas recuerdos que no uso y no quiero más.

Tiré afuera algunos sueños, algunas ilusiones.

Papeles de presenté que nunca usé, sonrisas que nunca regalé.
Tiré afuera la rabia y el rencor de las flores marchitas que estaban dentro de un libro que nunca leí.

Miré para mis sonrisas futuras y mis alegrías pretendidas y las coloqué en una caja, bien ordenaditas.
Saqué todo de adentro del armario y lo fui tirando al suelo: pasiones escondidas, deseos reprimidos, palabras horribles que nunca hubiera querido decir, heridas de un amigo, recuerdos de un día triste.

Y también encontré otras cosas... ¡y muy bellas!: un pajarito cantando en mi ventana, aquella luna color de plata, el poner del sol.

Me fui encantando y distrayendo, mirando cada uno de aquellos recuerdos.
Me senté en el suelo para poder escoger.

Arrojé directo en el saco de la basura los restos de un amor que me hirió. Tomé las palabras de rabia y dolor que estaban en el estante de encima, pues casi no las uso, y las tiré afuera en el mismo instante.

Otras cosas que aún me hieren, las coloqué aparte para después ver lo que haré con ellas, si las olvido o las envío al basurero.

Era en aquella caja, en aquella gaveta en que uno guarda todo lo que es más importante: el amor, la alegría, las sonrisas.

La Fe para los momentos que más la necesitamos.


Desconozco su Autor.